Pizarra Blanca

¿Buscas un lugar perfecto dónde expresar tu inspiración? La pizarra blanca es el espacio ideal para hacerlo en tu empresa, solo o con tu equipo de trabajo. 

Todo lugar corporativo e institucional tiene mínimo una pizarra como parte de sus elementos de oficina. Y hay que decir que una sola es un número insuficiente, aunque indispensable para un día productivo.

Pero, ¿realmente conoces el verdadero valor de una pizarra blanca?

Una pizarra es una oportunidad. Una oportunidad para un comienzo distinto cada día, para la inspiración y la creación que es esencial para el progreso.

El sentido de lo blanco no es solo por el color, la pizarra puede ser de vidrio o corcho, el hecho es que se convierte en un espacio dispuesto para plasmar tus ideas, permanente e incansablemente, hacia la innovación.

Pizarra blanca: clave para la innovación en las empresas

Te preguntarás por qué una simple pizarra blanca puede ser clave para los procesos empresariales en innovación, cuando prácticamente estamos en la era de la inteligencia artificial y las supercomputadoras.

Nadie niega que incluso tu computador personal es tu principal aliado de trabajo, y donde casi has delegado tu inspiración. Pero una pizarra blanca tiene un propósito muy particular: impulsarte a pensar de forma original.

Esto, curiosamente, implica vaciar tu mente de toda la información acumulada para darle orden, resolver problemas vislumbrando soluciones, y principalmente nuevos caminos: un aspecto primordial de la innovación.

Una pizarra también te da una perspectiva física y visual distinta. Las distancias y tamaños de las pizarras, las convierten en puntos de referencia para observar las cosas, los hechos, y con eso te regalan un oxigeno vital.

En una pizarra no hay ideas malas ni preguntas tontas

Es habitual, y no es exactamente lo mejor, que al tratar de exponer las ideas partamos con un sesgo, prejuicio o preocupación de si es o no una buena idea. Esta inquietud a priori inhibe la creatividad.

La tendencia a la calificación de las ideas como buenas o malas es un primer paso en falso para la creatividad y la innovación. ¿Por qué?

Una idea catalogada inicialmente como mala puede ser justamente la solución a futuro de un problema específico o para otro que no estaba planteado. Si la descartas por creerla mala, pierdes también esa solución.

La historia de muchos desarrollos científicos, empresariales, artísticos, sociales, está llena de intentos aparentemente fallidos que al final llevaron al éxito y a soluciones inesperadas.

Como bien lo definen los especialistas en innovación: “La innovación es un viaje de exploración”. Y explorar significa “recorrer un lugar desconocido para estudiarlo o descubrir lo que se halla en él”.

Cada idea es un posible terreno de exploración.

Para explorar también debes estar dispuesto a perderte un poco, a replantear tus rutas, a repasarlas, y para eso necesitas el respaldo tangible de una pizarra blanca que mantenga el mapa de tus recorridos.

Igualmente, la actitud del explorador es la de un ser curioso y que no pierde la capacidad de asombro, el que se atreve a jugar con las ideas sin miedo. El resultado final dirá si estas cumplieron el objetivo.

¿Y las preguntas tontas?

Los cómo, los por qué, para quién, entre otras inquietudes, construyen las preguntas. Y preguntar(se) es imprescindible para explorar y hallar nuevas rutas.

Al igual que las ideas, tampoco hay preguntas tontas, puedes verlas como pistas que nos conducen hacia dónde pretendemos ir o bien descubrir lo impensado.

Mínimamente, una supuesta pregunta tonta te puede hacer reír, pero no te desconciertes si también da una luz en la oscuridad a un problema que hay que resolver o algo novedoso para proponer.

La innovación requiere de una importante dosis de originalidad e ingenio, y para eso, en momentos precisos, necesitamos pensar por nosotros mismos. El ejercicio de pensar comienza en buena medida por las preguntas.

Entonces, anota sin prejuicios toda pregunta en tu pizarra.

Además, según los especialistas en innovación, en las preguntas y la lluvia de ideas está el factor humano donde “el espíritu de cada uno surge, conformando una confianza colectiva sobre la capacidad creativa del grupo.”

En la pizarra puede estar la fórmula para el premio Nobel

Cuando en el equipo de trabajo o a solas se ha tenido una intensa lluvia de ideas, siempre toma una foto a la pizarra antes de borrarla.

Un miembro de un instituto de ciencias de la complejidad solía manifestar su temor de borrar algo que, sin saberlo, pudiera guardar la fórmula para un premio Nobel.

Esto a nivel anecdótico puede ser cierto, aunque no sea para ganarse un Nobel, puede ser fundamental para tu proceso creativo y el de tu equipo.

Mantener la secuencia de las ideas que produces es necesaria para no perder elementos de valor, y es conveniente contar con más de una pizarra blanca que exhiba el orden de tus ideas, y de todas guardar un registro.

Podrías argumentar que si se trata de guardar tal registro lo mejor es el computador, en parte es así, puedes trabajar simultáneamente con ambos. Pero no olvides que la pizarra blanca te da una perspectiva única.

Una pizarra blanca y sitios para idear

En las empresas e instituciones puede surgir una “cultura de innovación”, a partir de ciertas líneas de acción que llevan a los equipos de trabajo hacia un estado de creación, y no simplemente de reacción.

Tanto los comportamientos como las personas innovadoras deben tener un ambiente de inspiración concreto y con elementos que la estimulen.

Un ambiente creativo tiene entre tantos medios a los libros, herramientas específicas de los oficios que se realizan, otras no relacionadas, juegos y materiales lúdicos, hamacas, sofás para la distensión y pizarras blancas.

El equipamiento de ese lugar especial para idear depende de todo lo que se quiere lograr y su límite es tan amplio como la imaginación lo permita.

Estos ámbitos de innovación demuestran que los sitios tradicionales y rígidos que muchas veces conforman los trabajos, no ofrecen la libertad y el dinamismo para fomentar un pensamiento creativo.

La creatividad debe estar contenida por lugares agradables, flexibles, recursivos, humanos.

En estos escenarios, las pizarras son más que un apoyo profesional, son un sostén de la efervescencia del pensamiento y la intuición que alimentan las ideas.

Recordemos que todos empezamos nuestros procesos de aprendizaje y una forma de conexión con el conocimiento frente a una pizarra.